Reflexión marcó el segundo día de la novena en honor a la Virgen María de la Candelaria
En el marco del segundo día de novena en honor a la Santísima Virgen María de la Candelaria, la Diócesis de Puno desarrolló una profunda reflexión espiritual centrada en la importancia de la oración cristiana, entendida como un diálogo sincero y vivo entre el ser humano y Dios.
El obispo de la Diócesis de Puno, monseñor Jorge Pedro Carrión Pavlich, recordó que la oración no es una repetición vacía de palabras, sino un encuentro auténtico que puede ser sencillo, exigente e incluso conflictivo, pero que siempre conduce al encuentro con Dios, a la respuesta divina y a la esperanza de un futuro nuevo.
Inspirado en los Evangelios de Mateo y Lucas, el obispo destacó que Jesús mismo enseña a orar a sus discípulos, no mediante largas fórmulas, sino a través de una oración breve y profunda, la cual es el Padre Nuestro. “En ella, Jesús revela una relación inédita con Dios, presentándolo no como una divinidad distante o castigadora, sino como Padre cercano, amoroso y confiable”, enfatizó.
Monseñor Carrión explicó que, a diferencia de otras culturas y religiones antiguas, donde Dios era percibido como un ser temible y vengativo, el cristianismo introduce una experiencia única, que es llamar a Dios “Abba”, una expresión infantil y confiada que equivale a “papá”. Este lenguaje, enseñado por Jesús, expresa la total confianza del hijo que se abandona en los brazos del Padre que ama, protege y sostiene.
Asimismo, reflexionó sobre la actitud interior con la que se debe orar, recordando la parábola del fariseo y el publicano. En ese sentido, advirtió sobre el riesgo de una fe superficial, marcada por la jactancia exterior y las expresiones festivas vacías, que olvidan el verdadero significado.
“El Padre Nuestro no es una oración egoísta, es comunitaria. Padre nuestro reconoce a Dios como Padre de todos, sin exclusiones, fortaleciendo la fraternidad y la responsabilidad mutua. Esta oración no es un saludo ni una fórmula mágica, sino una súplica viva que compromete la vida del creyente a santificar el nombre de Dios con sus actos, pensamientos y palabras”, reflexionó.
Finalmente, monseñor Carrión resaltó que la oración cristiana implica orar como Jesús, dejándose introducir por Él en la relación filial con el Padre, participando así del misterio de Dios y anticipando, desde ahora, la realidad del Reino que anhelamos.