Informe: “Virgen de la Candelaria” La luz que entra en silencio y renueva la fe del pueblo puneño


Solemne misa de fiesta en honor a la Virgen de la Candelaria

Durante la homilía, el obispo Jorge Pedro Carrión resaltó que la devoción a la Virgen de la Candelaria no es solo una tradición cultural, sino una expresión viva de fe que invita a reconocer la luz de Cristo en lo sencillo, renovar la esperanza y dejarse transformar espiritualmente en medio de un mundo marcado por la indiferencia

Responsable: Dayane Mayta

Este lunes, 2 de febrero, durante la solemne misa de fiesta en honor a la Virgen de la Candelaria, celebrada en el atrio de la Catedral de la ciudad de Puno, que congregó a miles de fieles llegados desde distintos puntos de la región y del país, unidos por la fe y la devoción a la Patrona de Puno.

El Obispo de la Diócesis San Carlos Borromeo de Puno, Monseñor Jorge Pedro Carrión Pavlish, elevó oraciones de gratitud, esperanza y súplica a la Virgen de la Candelaria, reconociendo en ella a la Madre que presenta al mundo la luz verdadera: Jesucristo.

El Evangelio recuerda que Simeón, sin poder ni reconocimiento, fue capaz de reconocer al Mesías movido por el Espíritu Santo. Mientras otros pasaban indiferentes, él descubrió en un niño la salvación esperada y proclamó a Cristo como la luz para las naciones, hallando en ese encuentro la paz tras una vida de espera.

Señaló que, ese mismo contraste se vive hoy. En un mundo marcado por la prisa, la indiferencia y la oscuridad, la presencia de Cristo continúa siendo silenciosa. No se impone. Entra despacio al corazón humano, esperando ser acogido. Muchos prefieren no mirar, acomodarse a la penumbra; otros, como Simeón, mantienen viva la esperanza y reconocen a Dios en lo pequeño, en lo humilde, en lo sencillo.

Monseñor enfatizó que la devoción a la Virgen de la Candelaria, profundamente arraigada en la historia y en la fe del pueblo puneño, no es solo tradición ni expresión cultural. Es una proclamación viva de que la luz de Cristo sigue brillando en medio de las tinieblas. Una devoción que nació desde el corazón del pueblo y que hoy sigue convocando a generaciones enteras a renovar su fe.

Celebrar a la Virgen de la Candelaria no es quedarse en lo externo. Es aceptar su invitación a dejarnos iluminar, a permitir que la luz de su Hijo transforme nuestras vidas personales y colectivas. Es escuchar nuevamente el anuncio que da sentido a la historia: gloria a Dios en las alturas y paz a los hombres de buena voluntad.