La ausencia del Estado en seguridad, salud y educación profundiza el desencanto social.
El analista político y docente universitario Gustavo Medina sostuvo que la aparente calma social frente a las crisis políticas responde a una combinación de factores económicos, culturales y estructurales que reflejan cambios profundos en la relación entre ciudadanía y política en Perú.
Explicó que uno de los motivos por los que no se observan movilizaciones masivas es la percepción de que la política no impacta directamente en la vida cotidiana de las personas. A ello se suma la estabilidad macroeconómica sostenida en gran medida por la gestión del Banco Central de Reserva del Perú, lo que reduce la sensación de urgencia social pese a la inestabilidad institucional.
Sin embargo, advirtió que esta estabilidad contrasta con una realidad interna marcada por informalidad superior al 70 %, pobreza persistente y desigualdad social, condiciones visibles especialmente en regiones como Puno, “estas contradicciones explican la apatía política y el avance del individualismo, fenómeno global que desplaza lo colectivo y se refleja en la escasa reacción ciudadana ante crisis gubernamentales”, dijo.
Afirmó además que el país vive un proceso de fragmentación política que debilita la legitimidad democrática. Recordó que la sucesión de presidentes en los últimos años desde Pedro Pablo Kuczynski hasta Pedro Castillo evidencia fallas tanto de los partidos como del electorado, al que atribuyó una “corresponsabilidad” en los resultados electorales.
Según su análisis, el voto contestatario y el voto nulo o blanco han tenido un peso significativo en elecciones recientes, superando incluso el respaldo de varios candidatos. Esto anticipa que el próximo proceso electoral podría producir autoridades con bajo nivel de legitimidad debido a la dispersión del voto.
Subrayó que en el país parece primar la gobernanza técnica sobre el liderazgo político. Atribuyó esta situación al fortalecimiento institucional y a la implementación de políticas públicas estables desde inicios de la década del 2000, lo que permite cierta continuidad estatal aun cuando cambian las autoridades.
No obstante, advirtió que la ausencia del Estado en áreas como seguridad ciudadana, salud y educación alimenta el desencanto social. Como ejemplo, mencionó la falta de compromiso de autoridades regionales en reuniones de seguridad y el incremento de la criminalidad.