Práctica arraigada en familias simboliza identidad religiosa y vínculo entre generaciones dentro del calendario litúrgico de la Iglesia
El obispo de la Diócesis de Puno, monseñor Jorge Carrión Pavlich, expresó que el inicio de la Semana Santa reaviva una de las tradiciones más representativas del calendario cristiano: el uso de las palmas durante el Domingo de Ramos. Enfatizó que, aunque en regiones como Puno estas no crecen de forma natural, su presencia se ha arraigado profundamente en la vida religiosa de las familias, convirtiéndose en un símbolo que acompaña a los fieles desde la infancia en sus prácticas de fe.
Al respecto, explicó que el origen de las palmas se encuentra en los relatos de los Evangelios sobre la entrada de Jesús en Jerusalén. Según la tradición bíblica, Jesús ingresa montado en un pollino, cumpliendo así una antigua profecía que anunciaba la llegada de un Mesías humilde, en contraste con los líderes que se presentaban con poder y ostentación. Este acontecimiento generó una reacción popular en la que la multitud, que ya conocía sus enseñanzas y milagros, recibiéndolo con entusiasmo.
Asimismo, señaló que, durante este recibimiento, las personas cortaron ramas de árboles, principalmente palmas y olivos, para acompañar su entrada. Estas ramas no solo cumplían una función festiva, sino que también poseían un significado simbólico: las ramas de olivo representaban la paz, mientras que las palmas eran consideradas un emblema de victoria y martirio.
En ese contexto, manifestó que, con el paso del tiempo, el uso de las palmas se consolidó como una práctica litúrgica desde los primeros siglos del cristianismo. Además, se integró a diversas costumbres populares, como su conservación en los hogares o su utilización en rituales simbólicos. Incluso, las palmas bendecidas son guardadas para ser quemadas y utilizadas posteriormente en la celebración del Miércoles de Ceniza, reforzando así su papel dentro del ciclo religioso anual.