Rodrigo Paz marca un giro simbólico en la política boliviana al participar de una tradición religiosa largamente ausente del protocolo presidencial
Este domingo de Ramos el presidente Rodrigo Paz sorprendió al país al participar en la misa de Domingo de Ramos en la Catedral Metropolitana de la Plaza Murillo en La Paz, después de casi 20 años en que los gobiernos bolivianos evitaron este tipo de ceremonias públicas presidenciales.
Recibido por el arzobispo de La Paz, monseñor Percy Galván, Paz asistió vestido de forma sencilla y luego tomó el atril para invitar a la población a reflexionar sobre la fe, la esperanza y los valores espirituales como herramientas para enfrentar los desafíos nacionales y familiares.
En sus redes sociales, el mandatario reforzó ese mensaje, subrayando que, pese a los tiempos difíciles, la fe en Dios puede ser un factor de unidad para las familias bolivianas.
Este gesto ha sido interpretado no solo como un acto religioso, sino como un símbolo político que busca reconectar con sectores ligados a la fe católica, en contraste con las administraciones anteriores que, bajo el argumento del Estado laico, mantuvieron distancia con ceremonias religiosas tradicionales.
La última presencia presidencial en una misa de Domingo de Ramos se remonta a 2020 durante la gestión de Jeanine Áñez, mientras que entre 2021 y 2025, los gobiernos liderados por Luis Arce y Evo Morales optaron por agendas más centradas en eventos interreligiosos sin participación directa en la misa.
Con esta participación, Paz abre un debate público sobre el rol de los símbolos religiosos en la esfera estatal, marcando un punto de inflexión en la relación entre el poder político y las tradiciones de Semana Santa en Bolivia.