Especialista advierte que el apoyo familiar y la atención psicológica oportuna son fundamentales para superar el miedo y las secuelas emocionales
Karin Coila, profesional en Psicología, sostuvo que la familia cumple un rol trascendental en la recuperación de algún integrante que haya sido víctima de un hecho de violencia, como un robo o una agresión familiar, ya que brinda un espacio seguro donde la víctima se siente escuchada sin ser juzgada.
Afirmó que, entre las consecuencias emocionales más frecuentes, la víctima presenta ansiedad, miedo, tristeza, impotencia y culpa. A nivel cognitivo, experimenta pensamientos constantes sobre el robo y desconfianza. A nivel físico, puede sufrir insomnio, palpitaciones, tensión muscular y dolores de cabeza; mientras que, a nivel conductual, evita salir, cambia de ruta y tiende a aislarse. «El problema no es sentir miedo, porque es un sentimiento normal; lo importante es que ese miedo no termine controlando nuestra vida», manifestó.
Finalmente, recomendó a las víctimas no enfrentar el dolor en soledad y recordar que pedir ayuda es una fortaleza. Asimismo, aconsejó no aislarse, retomar poco a poco las actividades cotidianas, cuidar el cuerpo mediante un buen descanso y una alimentación adecuada, evitar revivir constantemente el hecho traumático y buscar ayuda profesional a tiempo. «Ninguna persona merece vivir con miedo; todos podemos recuperar nuestra tranquilidad», puntualizó.