Tras asumir en 1991 una diócesis con pocos sacerdotes y templos en precariedad, el prelado resaltó la formación de nuevos religiosos, defendió su gestión frente a cuestionamientos y denunció intereses ajenos a la Iglesia
La autoridad eclesiástica de Puno recordó el difícil panorama que encontró al asumir la diócesis un 17 de abril de 1991. El prelado relató que en su primera misa en la Catedral tan solo asistieron pocas personas que se retiraron antes de finalizar, encontrando un templo desprovisto de ornamentos básicos, así como una severa escasez de párrocos en diversas provincias y apenas 17 sacerdotes nacionales de avanzada edad y relegados por el clero extranjero.
Frente a aquella realidad inicial, el monseñor destacó los avances logrados durante su gestión, que incluyen la restauración de templos y la dotación de objetos litúrgicos para la Catedral. Asimismo, resaltó que actualmente la diócesis cuenta con cerca de 45 sacerdotes jóvenes, formados en el seminario local para responder al pedido recurrente de la población de contar con guías espirituales en sus comunidades.
No obstante, el obispo expresó su preocupación por la concepción de la fe en el altiplano, donde la religiosidad suele reducirse a la piedad popular o a un compromiso social, relegando los sacramentos. Reveló además que existía la distorsionada idea de que el sacerdocio era una profesión lucrativa, compartiendo anécdotas como la de familiares que exigían quedarse a vivir en el seminario o que demandaban pensiones tras la pérdida de un seminarista en un accidente.
Durante la emisión, el prelado abordó los cuestionamientos y campañas mediáticas emprendidas en su contra, señalando que enfrentó falsas acusaciones e incluso tres instancias judiciales, incluyendo la Corte Suprema, que ratificaron su absoluta inocencia. Explicó que dichos ataques respondieron a intereses personales ajenos a la Iglesia y reiteró que optó por guardar silencio en su momento por tratarse de asuntos delicados.
Finalmente, la autoridad desmintió tajantemente pertenecer al Opus Dei o responder a posturas extremistas, aclarando que sus decisiones buscan mantener el orden y la autonomía de la iglesia local frente al antiguo clero denominado «surandino». Denunció además que ciertos personajes aprovecharon discursos críticos para captar millonarios fondos de Europa, utilizándolos para financiar a políticos, construir infraestructura propia y enriquecerse a costa de engañar a la población.