Los incendios forestales ocurridos durante las últimas semanas en Puno han afectado la vida silvestre y la salud de las personas, dejando graves impactos en la vida y el medio ambiente. A la fecha, se reportaron 111 incendios forestales en el presente año, con un saldo fatal de 2 personas fallecidas, 8 lesionados, 24 familias damnificadas y 25 afectadas; igualmente, 10 mil 738.37 hectáreas de pastizales perdidas, 30 cabezas de ganado vacuno y 28 cabezas de ganado ovino perdidas, según datos del COER Puno, de acuerdo con John Nilton Ccama Lipa, jefe del Centro de Operaciones de Emergencia Regional (COER) Puno.
Ocurrencias registradas. El 13 de agosto, un incendio forestal en las comunidades de Choquechambi y Moropaco, distrito de Caminaca, provincia de Azángaro, afectó aproximadamente 3 hectáreas de pastizales, según reportó el COER Puno. Pero ¿cómo se inician estos siniestros? Yoissy Pari Morales, técnica del Servicio Nacional Forestal y de Fauna Silvestre (SERFOR) – Puno, indica que más del 98 % de incendios a nivel nacional son ocasionados por el hombre.
Esta situación alarmante es considerada un “festín de incendios forestales”, provocado por posibles problemas entre vecinos o descuidos, según manifiesta el comandante de la Compañía de Bomberos N.° 42 de Puno, Jhon Zea Béjar.
Tan solo 3 días después, el 16 de agosto, los centros poblados de Carmen Alto y Viscachani, del distrito de Orurillo, provincia de Melgar, registraron otro incendio forestal que causó daños a la salud de 2 personas, con lesiones por quemaduras de segundo y primer grado, además de daños en diversos sectores, según información del INDECI Puno. Situación verificada por el COER cuando acudió a dichos lugares.
El 30 de agosto, las ambulancias de la Compañía de Bomberos N.° 42 de Puno alertaron de un nuevo incendio forestal, esta vez en el distrito de Tiquillaca. El fuego dejó sin vida a una persona de sexo femenino de 80 años, además de afectar varias hectáreas de cobertura natural, viviendas temporales, cultivos de alfalfa y postes de media tensión. El Cuerpo de Bomberos acudió al lugar sin los equipos necesarios para la zona, apagando el fuego de manera mecánica.
El 04 de setiembre se registró un nuevo atentado contra la biodiversidad, esta vez un incendio forestal en la Reserva Nacional del Titicaca. El siniestro dejó 30 hectáreas de totorales quemados. Afortunadamente, no se encontraron nidos, indicó Víctor Hugo Apaza Vargas, jefe de esta institución. Enfatizó estar en desacuerdo con las quemas; sin embargo, reconoció que existe la necesidad de las personas de desarrollarlas para conseguir el rebrote de totora nueva. Entonces, aseguró que deben ser controladas, experiencia que se tuvo con el Comité de Conservación Capano del distrito de Capachica, pero la última quema reportada dentro de la reserva no fue planificada.
En nuestro país, provocar incendios forestales es un delito ambiental. La transgresión se encuentra en el Reglamento de Infracciones y Sanciones en Materia Forestal y de Fauna Silvestre, que establece una multa de hasta 5,000 UIT, dependiendo de la gravedad; además, se podrían afrontar penas de cárcel, recuerdan desde el SERFOR Puno.
Ante este panorama, las instituciones que cumplen diversos roles en la gestión ambiental, la seguridad ciudadana y la respuesta ante emergencias invocan a evitar incendios forestales, pero si la comunidad cree que son necesarios, estos deben ser controlados.
Los incendios forestales son potencialmente destructivos. No solo afectan la salud de las personas, sino que destruyen la biodiversidad y los ecosistemas, provocando el colapso de los ciclos biológicos y químicos que sostienen la vida. Onda Azul recuerda: está en nuestras manos “prevenir y actuar”.