Advierte que las próximas elecciones se darán en un escenario de confusión y desorientación ciudadana.
En una entrevista concedida a Radio Onda Azul, el obispo de la Diócesis de Puno, monseñor Jorge Carrión Pavlich, reflexionó sobre la situación política, social y moral del país, señalando que el Perú atraviesa una profunda crisis ética que ha debilitado sus instituciones y confundido a la ciudadanía.
El prelado consideró que lo que actualmente vive el país no es un hecho aislado, sino el resultado de un proceso de deterioro acumulado durante los últimos 30 años.
“Cuando uno mira lo que ha sucedido históricamente en estas tres décadas, no solo se puede ver un deterioro de la política o de la democracia, sino un deterioro ético y moral muy generalizado”, sostuvo.
En el contexto de los recientes cambios en el Consejo de ministros y la inestabilidad en el Ejecutivo, monseñor Carrión señaló que el país enfrenta un “quiebre del Estado”, reflejado en la sucesión constante de presidentes y en los procesos judiciales que han marcado a varios exmandatarios.
Recordó que en los últimos años el Perú ha tenido múltiples presidentes, muchos de ellos investigados por presuntos actos de corrupción. A su juicio, esta situación es consecuencia directa de la pérdida de valores éticos, tanto en la clase dirigente como en la propia ciudadanía.
Asimismo, advirtió que las próximas elecciones podrían desarrollarse en medio de una profunda confusión, debido a la gran cantidad de candidatos y la desorientación del electorado.
“La población va a andar confundida. En el momento de marcar su voto, muchos no sabrán qué hacer. Ese desconcierto es fruto del deterioro moral que hemos permitido”, expresó.
El obispo insistió en que la crisis actual tiene raíces profundas en la transformación de la familia y del sistema educativo. A su juicio, la formación en valores ha sido desplazada por una lógica centrada exclusivamente en la competitividad y el éxito económico.
Criticó también la influencia de ciertos contenidos en redes sociales y medios de comunicación que, según afirmó, debilitan la institución familiar y promueven nuevos paradigmas que no siempre fortalecen la dignidad humana.
“Se han sustituido valores humanos por proyecciones que, al final, favorecen intereses económicos. Hoy la única ideología que parece imperar es el dinero”, reflexionó.