Monseñor Jorge Pedro Carrión Pavlich presidio la Vigilia Pascual exhortando que las mujeres tienen una gran misión santa de llevar la presencia del Cristo resucitado


Vigilia incluyó bendición del cirio, rito bautismal y lectura del evangelio
Vigilia incluyó bendición del cirio, rito bautismal y lectura del evangelio

Obispo vincula enseñanza bíblica con realidad actual, destacando su importancia en la familia y comunidad cristiana

Ayer sábado de gloria, el obispo de la Diócesis de Puno, monseñor Jorge Pedro Carrión Pavlich, celebró  la vigilia pascual, ceremonia litúrgica más importante del cristianismo, realizada en la noche del Sábado Santo al Domingo de Resurrección, que conmemora la resurrección de Jesucristo.

Como es tradición, pasadas las 19:00 horas en el atrio de la Basílica Menor de la Catedral de Puno, se desarrolló el rito de la Vigilia Pascual, monseñor explicó que; “la vigilia pascual es una de las celebraciones más antiguas de la iglesia, según el rito original el fuego se debería encenderse con el golpe de la piedra y de ese modo se recuerda la creación, Dios crea el mundo, entonces el fuego va representar la creación del mundo», revelo.

Luego procedió a bendecir el  cirio pascual,  que representa según manifiesto  al resucitado; grabó sobre el cirio pascual una cruz, que significa que Jesús murió en la cruz, introdujo en la misma cinco granos de incienso, que representa la divinidad de Jesús, pronto señalo que el cirio es la alfa y  omega en la letra del  alfabeto griego –  principio y fin, trazó las cifras del  año actual 2026 y finalizo encendiéndolo con el  fuego  que significa que la vida proviene de Dios. 

 “Cristo ayer y hoy, principio y fin, alfa y omega, tuyo es el tiempo y la eternidad, a él la gloria y el poder por los siglos de los siglos amen”, pronunció monseñor, para prontamente ingresar a la Basílica Catedral de Puno, en medio de la tiniebla sólo la vela encendida que representa a Jesús iluminó la oscuridad. Durante el recorrido, las velas de los fieles se fueron iluminando con el mismo fuego del cirio pascual.

Dentro  de la catedral inicio la  misa pascual, se leyó  la lectura del  santo  evangelio según San Mateo y se pronunció: pasado el  sábado  al alborear el  primer día de la  semana fueron María la Magdalena y la otra María, a ver el  sepulcro  y de pronto tembló fuertemente  la  tierra, pues un ángel del señor bajando del cielo   y acercándose corrió la piedra y se sentó encima, su aspecto  era de relámpago y su  vestido  blanco como  la  nieve, los  centinelas temblaron de miedo y  quedaron como muertos, el ángel habló a las  mujeres. “Ustedes, no teman ya que buscan a Jesús el crucificado no está aquí, ha resucitado como había dicho, vayan a ver el sitio donde estaba y vayan a decir a sus discípulos que ha resucitado entre los muertos y vayan por delante a Galilea”. 

En ese sentido, en su homilía monseñor Jorge Pedro Carrión Pavlich, manifestó que la experiencia nos enseña que muy a menudo la trasmisión de la fe en familia, lo hace la madre, la esposa, entonces; las mujeres tienen una gran misión santa de llevar la presencia del cristo resucitado, igualmente; las invitó a animar a sus esposos, hijos, compañeros de trabajo a ese encuentro con el resucitado, así como hicieron un grupo de mujeres fieles, lideradas por María Magdalena, que acudieron al sepulcro al amanecer del domingo para ungir  el cuerpo de Jesús con aromas, pero un ángel anuncia la resurrección de cristo y son encargadas de difundirla a los discípulos, quienes debían ir a Galilea para verlo.

En el marco del rito bautismal y siguiendo la tradición de los primeros siglos del cristianismo, monseñor dirigió la celebración, primero bendijo el agua bautismal, en esta oportunidad sólo una ciudadana adulta recibió el sacramento de bautismo. Luego procedió a rosear el agua de pascua en la feligresía asistente para recordar el momento de su bautismo y se convirtieron en hijos de Dios.

Al despedirse Jesús de sus discípulos les dice; mis paz os dejo, mi paz os doy, no como la da el mundo, sino como la doy yo, esa paz se fundamenta en la renuncia propia a su vida para donarla a favor de los demás y eso significa amar, en el mundo que vivimos falta mucho amor, por eso los conflictos y guerras, finalizó.