Mensaje invita a la población a reflexionar sobre el arrepentimiento y el perdón en la vida diaria
En el marco de las celebraciones por Semana Santa, el obispo de la Diócesis de Puno, Jorge Carrión Pavlich, ofreció una amplia reflexión sobre la figura de Judas Iscariote, donde abordó aspectos bíblicos, morales y contemporáneos vinculados a este personaje clave del cristianismo.
El prelado explicó que las únicas referencias confiables sobre Judas provienen de los Evangelios, en los que se le identifica como el discípulo que traicionaría a Jesucristo. Según detalló, su accionar no puede interpretarse como un intento de exaltar a Jesús, sino como una traición motivada por intereses personales y, eventualmente, por resentimiento.
Monseñor Carrión sostuvo que Judas, quien administraba la bolsa común del grupo de los doce apóstoles, es descrito en el Evangelio de San Juan como alguien que sustraía dinero. Este comportamiento, sumado a episodios como la crítica al uso de perfumes costosos para ungir a Jesús, evidenciaría según el obispo una inclinación hacia el interés económico antes que espiritual.
Asimismo, destacó que la traición de Judas cumple con antiguas profecías del Antiguo Testamento, en las que se anunciaba que el “justo” sería vendido por monedas de plata. No obstante, remarcó que, más allá del cumplimiento profético, la decisión final fue producto de la libertad humana.
El obispo también comparó la figura de Judas con otros discípulos, como San Pedro, quien negó a Jesús en varias ocasiones, pero posteriormente se arrepintió. En ese sentido, enfatizó que la diferencia radica en la capacidad de reconocer el error y pedir perdón.
“Lo que condena a Judas es su soberbia”, afirmó Monseñor Jorge Carrión, al señalar que, pese a haber convivido con Jesús y conocer su mensaje de misericordia, no buscó el perdón y optó por el suicidio tras devolver las monedas.
En otro momento, el obispo reflexionó sobre la misericordia divina, señalando que esta está disponible para quienes reconocen sus faltas. Sin embargo, advirtió que también existe un juicio moral, como se describe en pasajes evangélicos como el juicio final o la parábola del rico y Lázaro.