Monseñor Jorge Carrión Pavlish exhortó a no rezar de manera mecánica y recordó que esta oración implica compromiso, coherencia y una relación viva con Dios.
A través de Radio Onda Azul, el obispo de la Diócesis de Puno, monseñor Jorge Carrión Pavlish, enfatizó que, desde niños, el Padre Nuestro nos acompaña en el hogar, la escuela y la catequesis. Se aprende temprano, incluso antes de comprender su significado. Con el paso del tiempo, sin embargo, esta oración fundamental corre el riesgo de convertirse en una fórmula repetida de manera mecánica, dicha de memoria, pero vacía de reflexión y compromiso.
“Las palabras salen de los labios, pero no siempre pasan por el corazón”, reflexionó, al tiempo de señalar que muchas veces la prisa y la rutina impiden comprender la profundidad de lo que se reza.
Señaló que, Jesús no enseñó esta oración como un discurso elaborado ni como una fórmula mágica para obtener favores, “la presentó como una relación viva con Dios, que comienza con una palabra decisiva: Padre. No se trata de un Dios distante o severo, sino de un Padre cercano y misericordioso, al que Jesús llama “Abba”, con la confianza y ternura de un hijo”, precisó.
Asimismo, mencionó que llamar a Dios Padre implica reconocernos hijos, y esa condición conlleva una responsabilidad ya que el Padre Nuestro no es solo una oración de petición, sino una verdadera escuela de vida ya que al decir “santificado sea tu nombre”, el creyente asume el compromiso de honrar a Dios no solo con palabras, sino con obras, reflejando su amor y justicia en la conducta cotidiana.
En la misma línea, precisó que cuando se pide “venga a nosotros tu reino”, no se alude únicamente a una promesa futura, ya que el Reino de Dios comienza aquí y ahora, en la construcción diaria de una sociedad más justa, fraterna y solidaria. No es una tarea exclusiva de Dios, sino una misión compartida que se concreta en las decisiones y actitudes de cada persona.
“Rezar el Padre Nuestro, entonces, es mucho más que repetir un texto conocido. Es asumir, día a día, el compromiso de vivir como verdaderos hijos de Dios, haciendo de cada palabra una acción y de cada oración una forma concreta de amar”, puntualizó.