Primera condena por tráfico de la rana gigante del Titicaca marca un precedente contra la explotación de fauna silvestre en Bolivia


Rana gigante del Titicaca

Tres personas fueron sentenciadas a tres años de prisión por comercializar ilegalmente ejemplares de una especie en peligro crítico de extinción. Organizaciones ambientales consideran que el fallo rompe años de impunidad y fortalece la lucha contra el tráfico de biodiversidad

Por primera vez en Bolivia, la justicia dictó una condena de prisión efectiva contra responsables del tráfico ilegal de la rana gigante del Titicaca (Telmatobius culeus), una especie catalogada en peligro crítico de extinción y protegida por la normativa ambiental. Dos mujeres y un hombre recibieron una sentencia de tres años de cárcel tras ser encontrados en posesión de ejemplares vivos y refrigerados que eran ofrecidos como un “plato exótico” en un restaurante.

La decisión judicial fue considerada un hecho histórico por organizaciones dedicadas a la conservación, debido a que durante años los casos de tráfico de fauna silvestre terminaban principalmente en multas o sanciones administrativas. Para la Fundación Amor por los Animales y su Biodiversidad (APLAB), el fallo demuestra que la extracción, comercialización y consumo de especies protegidas constituyen delitos graves contra el patrimonio natural.

Ana Serrano Revollo, directora de APLAB, señaló que la sentencia representa un avance en la aplicación de las leyes ambientales bolivianas y envía un mensaje a quienes lucran con la fauna silvestre. Explicó que la rana gigante del Titicaca enfrenta diversas amenazas, entre ellas la contaminación de su hábitat, la captura ilegal y el consumo de su carne bajo creencias sin sustento científico.

El caso se inició luego de una denuncia difundida en redes sociales sobre la venta de este animal como alimento. Durante el operativo de intervención se hallaron ejemplares vivos dentro de recipientes y otros refrigerados en un establecimiento gastronómico. En el proceso participaron instituciones ambientales, autoridades departamentales, la Policía Forestal y de Protección al Medio Ambiente (POFOMA) y especialistas en anfibios.

Desde APLAB indicaron que la sentencia también abre un camino para fortalecer la cooperación entre Bolivia y Perú, considerando que la rana gigante del Titicaca habita en un ecosistema compartido por ambos países. Además, remarcaron que la conservación requiere mayor vigilancia, educación ambiental y acciones permanentes para evitar que esta especie continúe acercándose a la extinción.