El «oro líquido», más conocido como la leche materna, continúa siendo reconocido por la comunidad médica como el alimento más completo y valioso para el desarrollo de los recién nacidos


Dr. Oscar Vilca
Dr. Oscar Vilca

Especialistas destacan sus beneficios nutricionales, desmienten mitos y recomiendan mantener la lactancia el tiempo que madre e hijo decidan

La primera leche producida tras el parto se destaca por su consistencia espesa y su alta concentración de nutrientes e inmunoglobulinas. A pesar de que en los primeros días se produce en pequeñas cantidades, este fluido resulta fundamental para proteger y nutrir al lactante. Posteriormente, la composición de la leche se adapta progresivamente a las necesidades metabólicas del bebé, manteniendo una base conformada por agua, grasas, proteínas, azúcares y minerales esenciales.

Para garantizar este proceso, los especialistas recalcan que la madre no requiere dietas experimentales, sino mantener su alimentación habitual con un ligero incremento en las porciones e hidratación. La producción de leche implica un alto gasto energético para el organismo materno, llegando a consumir cerca de 700 calorías diarias, lo que equivale a un esfuerzo físico considerable. Por ello, se enfatiza la importancia de reponer nutrientes y líquidos, además de contar con un entorno familiar de apoyo incluyendo la participación activa de la pareja y la familia para reducir el estrés durante el periodo de lactancia.

En cuanto a la técnica, la postura adecuada resulta clave para asegurar una succión eficiente y evitar lesiones en el pezón. Los expertos recomiendan la posición de «mano cruzada», en la cual la madre sostiene la cabeza del bebé, guiándolo directamente hacia el pecho, garantizando que la boca abarque la mayor parte de la areola. Asimismo, se aclara que factores morfológicos, como el tamaño de los senos o la presencia de cirugías previas e implantes, no impiden la producción de leche, desmintiendo temores frecuentes entre las madres primerizas.

Durante la emisión se abordaron también las dificultades anatómicas del recién nacido que pueden interferir con el amamantamiento, tales como la anquiloglosia o «frenillo corto». Esta condición limita el movimiento de la lengua e impide que el bebé logre un agarre correcto, lo que puede causar grietas y dolor en la madre. Ante estos casos, la intervención quirúrgica conocida como frenectomía permite liberar la lengua del menor y reanudar la lactancia de manera confortable y efectiva.

Finalmente, se explicaron las variaciones naturales en el color de la leche materna, las cuales pueden cambiar a tonos verdosos, anaranjados o rosados debido a la ingesta de ciertos alimentos o medicamentos por parte de la madre. Asimismo, el equipo profesional derribó el mito de que la leche pierde sus propiedades nutricionales con el paso del tiempo. Estudios demuestran que la leche materna producida a los dos años de edad del niño continúa adaptándose y ofreciendo una mayor densidad de grasas y nutrientes, respaldando la recomendación de extender la lactancia materna el tiempo que la madre y el hijo lo decidan.