En el Día Internacional del Zurdo: “ser zurdo no es una anomalía” señaló Oscar Vilca Romero


Oscar Vilca Romero

La neurociencia explica que la zurdería es una variante natural del desarrollo humano y destaca la interacción entre ambos hemisferios, mientras especialistas advierten sobre los efectos de forzar a los niños a cambiar de mano

Históricamente, las personas zurdas han cargado con estigmas, supersticiones y prejuicios que van desde relacionarlos con la mala suerte hasta asociarlos con la quema en la hoguera durante la Inquisición. Sin embargo, la ciencia y la neurociencia moderna han desmentido estos mitos para dar paso a una comprensión real de cómo funciona el cerebro humano.

En términos biológicos, la lateralidad cerebral explica cómo cada hemisferio controla el lado opuesto del cuerpo. Mientras que el 95 % de las personas diestras utilizan casi exclusivamente el hemisferio izquierdo, los zurdos muestran un funcionamiento particular: emplean principalmente su hemisferio derecho, pero también activan en gran medida el izquierdo. Esta interconexión entre ambos lados del cerebro les otorga ventajas en la visión espacial, el cálculo y la velocidad de reacción.

A lo largo de los años se ha creído que los zurdos son automáticamente más inteligentes o genios creativos, citando a figuras icónicas como Albert Einstein, Isaac Newton o Lionel Messi. No obstante, estudios recientes aclaran que las diferencias de coeficiente intelectual entre zurdos y diestros son insignificantes. La clave del éxito en muchos zurdos no reside en una magia biológica, sino en la resiliencia desarrollada al adaptarse desde niños a un entorno diseñado exclusivamente para personas diestras.

El ámbito deportivo y profesional refleja claramente este fenómeno. En disciplinas de confrontación directa o en equipo, como la esgrima o el fútbol, los zurdos suelen marcar una gran diferencia debido al factor sorpresa y a su velocidad de respuesta. Sin embargo, en deportes individuales de autocompetición, el porcentaje de zurdos destacados disminuye considerablemente, lo que demuestra que su desempeño varía según el contexto y el entrenamiento al que son sometidos.

Finalmente, los especialistas hacen un llamado a no forzar a los niños zurdos a cambiar de mano ni a tratarlos como una anomalía. Una mala lateralización forzada puede desencadenar problemas de aprendizaje como la dislexia o la disgrafía. En la actualidad se reconoce que la zurdería es simplemente una variante natural del desarrollo humano, y conocer nuestra propia dominancia del ojo, oído, mano o pie es clave para potenciar nuestras habilidades físicas y cognitivas.