Con su nombramiento como cardenal, Carlos Castillo se convierte en el sexto peruano en ocupar este prestigioso cargo. Un repaso por su vida y legado en la Iglesia Católica
Hoy sábado, el Monseñor Carlos Castillo hizo historia al convertirse en el sexto cardenal en la historia del Perú, un honor que se le otorgó en un solemne consistorio presidido por el papa Francisco en el Vaticano. Este nuevo nombramiento resalta no solo la dedicación de Castillo a la fe, sino también su compromiso social y su profundo vínculo con la comunidad peruana.
Carlos Gustavo Castillo Mattasoglio nació en Lima el 28 de febrero de 1950. Su formación académica y su vocación religiosa lo han llevado a ser un referente tanto en la academia como en la Iglesia. Con estudios en Sociología en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y una profunda dedicación al servicio pastoral, Monseñor Castillo ha sido una figura clave en la formación de la juventud y la enseñanza de la fe en Perú.
Su trayectoria eclesiástica incluye importantes responsabilidades, como vicario parroquial, responsable de la pastoral universitaria de Lima, y, desde 2019, arzobispo de Lima, sucediendo a Juan Luis Cipriani. Durante su liderazgo, destacó por su enfoque pastoral cercano a la gente y por cuestionar las deficiencias en el sistema de salud, especialmente durante la pandemia de COVID-19.
Como arzobispo de Lima, su cercanía con la gente se hizo evidente en momentos clave, como en la misa celebrada en la Catedral de Lima durante el confinamiento por la COVID-19, donde rindió homenaje a las miles de víctimas de la pandemia. En esa oportunidad, hizo un fuerte llamado a la solidaridad y a la reforma del sistema de salud.
Ahora, como cardenal, Monseñor Castillo asumirá una nueva responsabilidad dentro de la Iglesia Católica, en un momento histórico para el Perú, que contará con tres cardenales simultáneamente: además de Castillo, el país tiene a Juan Luis Cipriani y Pedro Barreto.
Este nombramiento resalta el compromiso de Carlos Castillo con la Iglesia y el pueblo peruano, un compromiso que seguirá marcando su paso en la historia eclesiástica y social del Perú.