Monseñor Jorge Pedro Carrión Pavlich recordó que las antiguas poblaciones aprendieron a convivir con el territorio y advirtió que olvidar esas lecciones puede aumentar los riesgos ante fenómenos naturales
Ante la posibilidad de enfrentar terremotos, inundaciones u otros fenómenos naturales, monseñor Jorge Pedro Carrión Pavlich, obispo de la Diócesis de Puno, planteó una reflexión sobre la manera en que la población ha ido perdiendo la memoria de cómo nuestros antepasados aprendieron a convivir con el territorio y sus riesgos.
Recordó que las antiguas poblaciones del altiplano no se asentaban de manera improvisada, sino que elegían lugares elevados o laderas, tomando en cuenta las características del territorio y buscando protegerse de las inundaciones y otros peligros.
Para el obispo, el riesgo no radica únicamente en la ocurrencia de un fenómeno natural, sino también en las decisiones que se toman antes de que este ocurra. Cuestionó que actualmente se construya en zonas donde históricamente se conocía la existencia de peligros y advirtió que se han dejado de escuchar las señales que dejaron las generaciones anteriores. En ese sentido, sostuvo que incluso las antiguas construcciones son una muestra de que existía una planificación vinculada al territorio, al clima y a la necesidad de proteger la vida.
Su reflexión también alcanzó a las construcciones modernas. Monseñor Carrión cuestionó si muchas de las edificaciones actuales responden realmente a las condiciones geográficas y climáticas de Puno y advirtió que algunas obras podrían estar más orientadas a generar visibilidad política que a garantizar su permanencia y seguridad.
Más que atribuir toda la responsabilidad a las autoridades, el obispo sostuvo que la prevención también exige una ciudadanía consciente y capaz de reconocer los riesgos de su propio territorio. Consideró necesario recuperar la memoria histórica y aprender de las experiencias que dejaron los grandes desastres, porque una sociedad que olvida sus lecciones corre el riesgo de repetir sus errores.
Las grandes catástrofes, señaló, también pueden convertirse en momentos de aprendizaje y humildad; sin embargo, esa enseñanza pierde sentido cuando las nuevas generaciones dejan de mirar hacia atrás y olvidan lo que el territorio y la historia ya les han enseñado.